La infancia es una representación que comienza a surgir alrededor del siglo XVI, pues, en las sociedades modernas, la infancia cobra una importancia que no tenía en las sociedades agrarias tradicionales, donde el período de fragilidad e impotencia del niño era rápidamente dejado atrás, una vez que el individuo adquiría las capacidades para participar del trabajo y demás actividades sociales.
Con la modernidad, ingresar al mundo adulto dejó de ser algo rápido y poco conflictivo. Los procesos de socialización de niños y niñas se hicieron más extensos y requirieron instituciones específicas para desempeñarlo y controlarlo: primero la familia y su hogar, luego la escuela, la pediatría, la psicología, los juzgados de menores, etc.
La modernidad instala una serie de revoluciones, en lo que respecta al concepto de niñez, la que conocemos es la niñez roussoniana, la niñez que ubica al niño como objeto de cuidado y protección. Esta niñez se da en medio de una transformación social muy importante, muy profunda donde se produce una revolución al nivel de los vínculos humanos, por un lado la variación se da en el orden de la familia.
La revolución moderna inaugura la categoría de población y la categoría de individuo que opera desde su singularidad, se rompe la familia providencia. El campo social ya no depende del seno familiar, depende de instituciones tercerizadas, el niño es introducido tempranamente bajo la tutela estatal. Así, la infancia se caracteriza por una serie de recorridos institucionales, la familia, la escuela, el pediatra y el tiempo libre.